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ESTADO  DEL AGUA

Toda la vida en nuestro Planeta, incluyendo la de los más de 7 mil millones de seres humanos vivos hoy, gira en torno a la disponibilidad y calidad del recurso agua. No es secreto que la distribución natural de este recurso es desigual, y que a la luz del cambio climático global, esa desigual distribución será aún más marcada, particularmente en las regiones que no tengan la capacidad para suplir sus necesidades básicas, o enfrentar las enfermedades relacionadas con el agua; vivir en ambientes degradados y luchando para conseguir trabajos dignos para que sus hijos tengan un futuro mejor.

A pesar de que aproximadamente 97.5% del agua está disponible en el mar, los precios del agua desalinizada todavía son inaccesibles para la mayoría de los países en desarrollo.

Por otro lado, el agua dulce continúa siendo un recurso abundante pero finito y vulnerable, cuya distribución es aún menos equitativa que la del agua salada. Nuestro planeta cuenta con aproximadamente 35 millones de km³ de agua dulce. Eso equivale aproximadamente a dos piscinas de un metro de alto con una superficie del tamaño de Sudamérica. Este volumen de agua parece suficiente para quitarnos la sed, permitirnos asegurar nuestra alimentación, y poder desarrollar pacíficamente la economía mundial. Pero, la realidad es que gran parte de esa agua dulce está congelada en los glaciares polares y tropicales, permahielo, y hielo subterráneo (y por nuestra segura y pacífica convivencia planetaria es mejor que se mantenga así, pues el derretimiento de todo el hielo del mundo implicaría un aumento del nivel del mar de varias decenas de metros, lo que cambiaría la división política del mundo como lo conocemos hoy).

Esto nos deja las aguas superficiales y subterráneas, que incluyen el agua de lluvia, la de los ríos y pantanos, el vapor de agua en la atmósfera, la humedad que reposa en el suelo, las plantas y los animales y el agua subterránea.

Con respecto al agua de lluvia, es evidente que estamos en medio de una revolución de cosecha de agua de lluvia a nivel mundial, y esto está permitiendo disminuir la presión sobre los ríos, particularmente en zonas con baja densidad de población. Cada vez más, podemos apreciar como soluciones cotidianas tan sencillas como canalizar el agua que cae sobre el techo de nuestras casas que es almacenada en tanques, puede resolvernos parte del problema de acceso al agua para atender parte de nuestras necesidades, y con una pequeña inversión transformarla en agua potable, particularmente en regiones rurales con población dispersa.

Con relación al agua dulce que procesan las cuencas hidrográficas y que ponen a disposición de los seres vivos, es importante resaltar el estado de vulnerabilidad en que se encuentra este recurso por la pobre administración global que le hemos dado a los ecosistemas en los que nos asentamos. Adicionalmente, en las últimas décadas hemos explotado muy rápidamente las aguas subterráneas, particularmente en zonas áridas, semiáridas o con escasez económica del agua, sin tomar en cuenta el impacto en el ciclo hidrológico local ni aplicando la planificación requerida para permitir la recuperación de los acuíferos.

De hecho, hemos optado por taladrar pozos más profundos, sin tomar en consideración las implicaciones futuras.

Por otro lado, los más frecuentes e intensos desastres socionaturales relacionados con el agua, incluyendo los relacionados con las enfermedades transmitidas por vectores como el Aedes aegypti y Anófeles, nos obligan a repensar nuestra relación con este recurso para que su poder productivo nos ayude a mejorar nuestra calidad de vida en el planeta, al mismo tiempo que reducimos al mínimo su fuerza destructiva, magnificada por el cambio climático global.

Según la comunidad científica internacional, el ciclo hidrológico en países tropicales, será más errático, con tormentas más fuertes y periodos más largos de escasez de lluvia.

Este escenario representa un reto importante a la seguridad hídrica de países como Panamá, particularmente en materia de manejo de eventos hidrometeorológicos extremos, seguridad humana y de infraestructura pública y privada.

No podemos crear el agua, solo la podemos administrar. Nuestro planeta tiene suficiente agua para todos nuestros múltiples propósitos si la manejamos con respeto y la compartimos solidariamente. En cada paso por su ciclo natural, el agua puede ser usada, reusada, recirculada y compartida varias veces por nosotros, nuestros hijos y sus hijos.


LA DISTRIBUCIÓN DEL AGUA EN EL MUNDO ESTÁ CAMBIANDO  Y PANAMÁ NO ESCAPA A ESA REALIDAD

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